Es casi tema obligado, pues en Francia no se habla de otra cosa: la primera ronda de las elecciones presidenciales, que se celebra hoy domingo. Todo parece indicar que serán los dos candidatos de los partidos principales de la derecha e izquierda moderada, el presidente Sarkozy y el socialista François Hollande, respectivamente, quienes se enfrentarán dentro de dos semanas en la segunda vuelta. Pero, aún no estamos en esa etapa, y nada es seguro hasta que se terminen de contar los votos. Quizás cuando algunos de ustedes lean estas líneas, ya se conozcan los resultados. Pero, mientras escribo, hay aún diez candidatos que representan un amplio espectro político. Diez aspirantes al cargo que lograron obtener las quinientas firmas de funcionarios electos que permiten a cualquier ciudadano ser candidato a la presidencia.
Es gracias a este sistema que un individuo como Jacques Cheminade, que por alguna extraña razón cuenta con suficientes simpatizantes entre los servidores públicos autorizados a otorgar su padrinazgo, puede postularse, con un programa que incluye en sus propuestas la colonización de Marte. ¡Y pensar que al mismo tiempo, otros políticos más « serios », como el ex primer ministro Dominique de Villepin, no obtuvieron suficientes firmas para respaldar su candidatura!
Otra que tuvo dificultades para conseguir las firmas necesarias fue Marine Le Pen, la candidata del partido de ultraderecha. Es decir, que hay quien apoya su discurso racista, pero le da vergüenza que se sepa. Aún así, a última hora logró convencer a suficientes funcionarios, y está presente en esta campaña, siempre a la defensiva y con su teoría de que la inmigración es el origen de todos los males de la sociedad. Su papá, que hace 10 años pasó a la segunda ronda, provocando el triunfo arrollador de Jacques Chirac, debe estar orgulloso. Esperemos que esta vez no ocurra algo similar.
Según las encuestas, ni siquiera es seguro que Le Pen quede en tercer lugar, pues hay otro candidato, tan antipático como ella, pero del campo opuesto, que la ha igualado en popularidad. A pesar de lo desagradable que se muestra con los periodistas, Jean-Luc Mélenchon, del Frente de Izquierda, parece haber seducido a un número considerable de electores con sus propuestas a favor del pueblo trabajador y de la protección de los servicios sociales. Se pronostica que podría obtener hasta un 14% de los votos, algo inesperado para un partido comunista. Cabe señalar también que además de Mélenchon, hay otros dos candidatos de extrema izquierda en estos comicios: Nathalie Arthaud, de Lucha Obrera, que propone prohibir los despidos, y Philippe Poutou, sindicalista y empleado de una fábrica, que representa al Nuevo Partido Anticapitalista. En un país donde, con la excepción de Mitterrand, todos los presidentes de la Quinta República han sido de derecha, ¿será esto una reacción al gobierno de turno, la expresión de la voluntad de un verdadero cambio?
Unas palabras sobre los tres candidatos restantes. La ambientalista Eva Joly, con su imagen austera a pesar de sus espejuelos verdes, carece del carisma necesario para convencer a las masas de unirse a su causa. Es muy poco probable que alcance el 5% de los sufragios requeridos para que el Estado reembolse la mitad de sus gastos de campaña. Lo mismo le sucederá a Dupont Aignan, el otro Nicolas de la derecha, que francamente no aporta gran cosa con su candidatura. Queda por mencionar el centrista François Bayrou, que estuvo en tercer lugar en el 2007, pero que esta vez se ha quedado un poco rezagado. Como está entre dos aguas, hay rumores de que tanto Sarkozy como Hollande tratarán de ofrecerle el puesto de primer ministro para atraer a sus seguidores y lograr la victoria en la segunda vuelta.
Yarín:
RépondreSupprimer¡Excelente análisis e impecable redacción!